martes, 26 de junio de 2007

Dedicado al Maestro Alberto Foguelman

Por Lorenzo Maffeo

Caissa, diosa escondida,
con templos pero sin preces!
Las baldosas blanquinegras
el tiempo tenaz las pierde
y de Pampliega su impronta
y de Araujo su relieve;
sólo el grito de Flores, cascarrabia,
como un tajo permanece.
A veces el "negro" Ezeiza,
no payador, policemen;
Giménez, "enroque largo",
que sin hacerlo no duerme;
el "loco" Cárrega, suave,
con un finalito en mente
o la fina voz
y los consejos de Wexler.
Yo tenía dieciseis
vos sumabas diecinueve.
Nos unió Villa del Parque
por una valiosa suerte.
Un domingo extraordinario,
festejo de un día célebre,
neutro te mantuviste
mirando lo que sucede
cuando a Najdorf, en la "ciegas" en consulta,
le urdieron la trampa aleve,
que con su ingenio Arcamone
hizo a unos cuantos prenderse.
Debiste sentir, Alberto,
que ni en broma eso se puede.
Garibaldi en su modestia,
asentía: razón tiene.
Una semana de farra
entre neblinas me viene,
cuando el "Don Pancho" charrúa
nos agasajó en su sede.
Evoco el paseo hasta el Cerro
y las anchas alegrías de Vismara y Paco Fuertes.
Y al buenazo de Ferrari,
su esmerado presidente.
El gozo de Helguera madre
se esfumó con los vaivenes
que pasados los cuarenta
modificaron haberes,
cambiando las tradiciones
con giros de carruseles.
Los clubes fuera de radio
o de suburbios los ejes
sufrieron más ese vuelco:
se cayeron sus carteles.
Es cierto que se agregó
una cuota tipo herpes,
cuando un fundamentalismo
-¡conmigo a la verdad accedes! -
en mano la ideología
infectó el clima de siempre
Pronto llegaron mudanzas.
¿Habrán sido seis o siete?
Fiel al club, permaneciste
absorbiendo, estoico, el golpe
Villa del Parque entrañable
no merecía desbordes
Seguiste prudente y firme
y cual blasón de una Orden
tus cursos de acertar jugadas
conservaron su renombre.
Dedicación al servicio
que distingue el oro del cobre.
Nunca protagonista,
sencilla sapiencia noble.
"Concurren a despejarse …….
de los conflictos el bocho"
- comentabas - porque entonces
se habían agudizado
con inéditas tensiones
en un país de promesas
antes que dulce, salobre.
Te afanaste también con el idioma
haciendo literatura:
nutrida correspondencia
y, por fin, dos obras justas:
Damas Cazadas y Ajedrez de Lujo,
con ideas y frases de sobria galanura.
Cuál será tu rechazo a la mentira,
al engaño, al ardid, a la impostura,
que al decirte de escribir ficciones
rehusaste, por temor al desliz de una fractura.
Por tu historia maestro Foguelman,
en el despunte de este trece
aquí los que te rodean,
muy contentos por quererte,
son una voz en el elogio: ¡amigo
persona singular, hombre con creces!.

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